Cientos de personas pidieron por Maldonado frente a uno de los máximos emblemas del terrorismo de Estado.

Durante una recorrida, una veintena de personas que estuvieron secuestradas en ese centro clandestino pidió por el artesano.

Pasadas las 17, una veintena de hombres y mujeres se paró de espaldas a la fachada del casino de oficiales de la ex Escuela de Mecánica de la Armada. La mayoría se reencontró ayer para participar de la “Visita de las Cinco” a ese lugar en el que se conocieron, en donde estuvieron secuestrados, en el que fueron detenidos desaparecidos, y del que sobrevivieron. El recorrido por las diferentes instalaciones del chupadero más grande que funcionó en el país durante la última dictadura cívico militar y que desde hace más de diez años es sitio de memoria fue especial no solo por que contó con los relatos los sobrevivientes, los que aportaron la información más importante para reconstruir el capítulo que el terrorismo de Estado escribió en esas paredes, sino porque esos relatos estuvieron resignificados por un dato del presente: la desaparición de Santiago Maldonado.

“Quiero hacer una pregunta: ¿Dónde está Santiago Maldonado?”, dijo Liliana Pontariero, una de las tantas sobrevivientes que pidió por la aparición con vida de Maldonado. “Mi nombre es Leonardo Martínez, me conocen por Bichi, estoy acá, lo que no sé es dónde está Santiago Maldonado.” Alejandro Clara contó la fecha de su secuestro y de su liberación, pero no aguantó las lágrimas para pedir sin llorar por la aparición con vida de Maldonado. Miriam Lewin pidió que el joven artesano, del que no se sabe nada desde el 1º de agosto pasado, aparezca con vida y que la Justicia castigue a los culpables. “Todos acá sabemos que Santiago es un desaparecido más”, planteó Ricardo Coquet. La Madre de Plaza de Mayo Vera Jarach, que participó del evento, fue la última en hablar. Saludó a los sobrevivientes, recordó a los 30 mil detenidos desaparecidos, a los cinco mil que pasaron por el centro clandestino de la Esma –entre los que está su hija Franca– e invitó a que todos, sobrevivientes, sus amigos y familiares que fueron a acompañarlos, al resto del numeroso público que se reunió ayer en el museo a pedir en un grito: “Que Santiago aparezca con vida”.

La coordinación del Museo Sitio de Memoria Esma suele organizar mensualmente, y con la participación de dos invitados, la “Visita de las Cinco”, una recorrida por los ambientes de secuestro, tortura, trabajo esclavo y maternidad clandestina. Pero ayer se conmemoró el Día Internacional del detenido desaparecido, y entonces, el equipo decidió homenajear a las víctimas que permanecen desaparecidas con el relato de aquellos que “se convirtieron en su voz”, explicó Alejandra Naftal, directora del museo. “Los sobrevivientes de este centro clandestino, con su coraje, su valentía y su amor, los convirtieron en la voz de los que no están”, continuó para presentarlos ante casi medio millar de personas.

Los 20 sobrevivientes se dividieron en cuatro grupos y comenzaron la visita del ex centro clandestino por sus diferentes ambientes. Víctor Basterra, Bettina Erhenhaus, Ana maría Soffiantini, el Bichi y Néstor Fuentes comenzaron por el “sótano”, el primer lugar al que “los verdes” llevaban a las víctimas. “Te bajaban del auto encapuchado, te metían por la escalera a las patadas, se iban sacando la ropa a medida que avanzabas por este pasillo, lo llamaban la ‘Avenida de la Felicidad’, y te mandaban a la sala de tortura”, relató el Martínez. “Acá en el fondo estaba la ‘huevera’ –sala de tortura–, las otras salas con camas, el laboratorio, donde falsificaban los DNI”, recontó Basterra, encargado hasta 1983, cuando lo largaron, de sacar fotos a los detenidos de la ex Esma. Fuentes volvió a sentir en el cuerpo la tortura. “Es muy fea y es muy feo pensar hoy en Santiago Maldonado”, dijo, volviendo al presente. Erhenhaus, que tenía 21 años cuando la secuestraron, también resignificó el momento: “Cuando estábamos adentro solo añorábamos que afuera alguien estuviera buscándonos. No nos olvidemos que Santiago sigue ahí, no dejemos de buscarlo”.

El grupo de Lewin comenzó por la “pecera”, un lugar donde algunos secuestrados eran obligados a hacer trabajos de prensa e informes para la dictadura. Liliana Vieyra y otros sobrevivientes, por la zona de reclusión, “capucha”. La visita culminó en el Dorado. “Acá, en la planta baja, armaban toda la estrategia de los secuestros”, apuntó Vieyra. “En esta planta hoy está la memoria de todos nosotros. Es un homenaje enorme el que estamos haciendo a nuestros compañeros, muchas gracias”, culminó. El grito de “30 mil presentes, ahora y siempre”, retumbó tres veces.

Fuente: Página 12