Julio De Vido tiene 156 causas abiertas en los tribunales en las que está procesado, imputado, investigado o nombrado. Todas son denuncias por corrupción o por administración fraudulenta de los recursos del Estado. Ya fue cuatro veces procesado por delitos de corrupción.

Un fiscal, Carlos Stornelli, trató de meterlo preso por la monumental acumulación de causas, pero chocó con los fueros parlamentarios del más denunciado de los ex ministros de los Kirchner. Un juez no quiso seguir el sendero de Stornelli y se negó a pedirle al Congreso el desafuero. La Cámara de Diputados, que De Vido integra, podría expulsarlo en los próximos días por indignidad. No se trata de un juicio penal en el que las pruebas deben ser irrefutables y la condena es la prisión. Se trata de un juicio político-administrativo, en el que el cuerpo decide sobre las condiciones morales y éticas de uno de sus miembros. No están en riesgo su libertad ni sus propiedades; sólo deberá irse del Congreso.

Es moralmente inaceptable que De Vido siga siendo diputado nacional. La crisis del sistema democrático en el mundo no se debe sólo a la insatisfacción social por la desigualdad; también a la impunidad que protege a los funcionarios corruptos. De Vido es investigado por los jueces luego de que la política y el periodismo empezaron a resaltar lo que era visible: nadie se ocupaba de él en los tribunales a pesar de la caterva de expedientes judiciales que lo denuncian. El ex ministro dejó trascender en su momento que él tiene buena relación con casi todos los jueces federales. ¿Qué significa buena relación en la particular jerga de De Vido? ¿Los frecuentó a los jueces o mandó emisarios a frecuentarlos? ¿De Vido les recordó a los magistrados viejos compromisos con él? Sea como fuere, es su modo. La extorsión es siempre una frase sutil y confusa, en la que el mensaje es claro aunque las palabras sean enigmáticas.

Ya en 2005 varias embajadas (la norteamericana, entre ellas) se preocuparon por las denuncias que recibían de empresas extranjeras. Aseguraban que desde el Ministerio de De Vido le pedían sobornos para concesiones, contratos, obras públicas o tarifas. Esta columna consignó esa preocupación de las representaciones diplomáticas extranjeras. De Vido reaccionó confeccionando una carpeta con patéticas cartas de las empresas extranjeras en que le aseguraban que él nunca les había pedido coimas. Eran las mismas empresas que habían reclamado ante sus embajadas. De Vido organizó una conferencia de prensa para mostrar esas cartas, pero Néstor Kirchner lo frenó a tiempo: “Nadie te va a creer eso”, lo retó.

En 2007, la justicia federal recibió la primera denuncia contra De Vido por sobreprecios en la construcción de viviendas. La hizo el abogado Ricardo Monner Sanz y fue la primera de cinco denuncias hechas por ese letrado. Antes, Elisa Carrió lo había denunciado públicamente por acciones delictivas en el Estado, lo que le valió a la diputada que De Vido pidiera que la Justicia la encarcelara. En 2008, Carrió lo denunció por asociación ilícita junto a Néstor Kirchner y otros funcionarios de entonces. Esta denuncia de Carrió forma parte del expediente en manos del juez Julián Ercolini, que terminó procesando a De Vido (y a Cristina Kirchner, entre otros) por el delito de asociación ilícita.

Ya en 2007 era tan mala la imagen de De Vido que Cristina Kirchner pensó, cuando era presidenta electa, relevarlo del cargo. Su marido presionó por la continuidad de De Vido y consiguió que varios empresarios (construcción, bancos, concesionarios de servicios públicos) proclamaran públicamente que nunca habría un ministro mejor que De Vido. Néstor Kirchner consiguió su propósito. Cristina tuvo con De Vido una relación siempre distante, aunque al final se aprovechó de sus mañas durante más tiempo que su marido. De Vido fue siempre difícil de reemplazar: más que su aptitud importa la cantidad de información con que cuenta. De vez en cuando, le hace saber a todo el mundo que guarda esos secretos con alguna frase tan borrosa como explícita.

Tampoco es un sistema que De Vido inventó en la administración nacional. En uno de los escritos más duros y documentados que haya producido la Justicia sobre la corrupción de la época kirchnerista, el fiscal Gerardo Pollicita sostuvo que el modelo original de corrupción se había concebido y puesto en funcionamiento en Santa Cruz. Luego, se lo trasladó al gobierno nacional. El dictamen del fiscal es elogiado por gran parte de los buenos jueces que conocen los casos de corrupción kirchnerista.

De Vido podría ser expulsado esta semana de la Cámara de Diputados. Los números son difíciles de conseguir porque se necesita el voto de los dos tercios de los presentes. Pero hay que confiar más en las ausencias que en el improbable caso de que se sumen votos para la expulsión. Las ausencias beneficiarán a los que piden la expulsión del ex ministro. Para desgracia de De Vido, Cristina Kirchner no dice ni pide nada. Varios de sus diputados señalaron que están dispuestos a obedecerla, siempre que ella se los requiera. Cristina no pidió por De Vido, hasta ahora al menos. Está en campaña y no dejará sus huellas en un caso que podría agregarle más impopularidad. Es obvio, además, que Cristina quiere sumar a sectores que no la votan; a los que la votan ya los tiene y le son leales.

Hay también pequeños bloques provinciales (los santiagueños del matrimonio Zamora o los misioneros que responden al ex gobernador Maurice Closs) que callan. Seguramente, están esquivando la presión del bloque kirchnerista. Su ausencia es lo más probable. El massismo votará para dejar afuera a De Vido. Lo mismo hará el bloque que lidera Diego Bossio, aunque éste prefiere suspenderlo como diputado hasta que se expida la Justicia. Es lo mismo: De Vido no volvería nunca con semejante cantidad de causas judiciales que deberá resolver por el resto de su existencia. El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, dio orden a sus diputados para que acompañaran la expulsión de De Vido. Incluso, dos diputados salteños podrían firmar el martes la destitución de De Vido en la Comisión de Asuntos Constitucionales.

La izquierda se deja llevar por su atávica paranoia. Teme que el antecedente de De Vido pueda justificar luego la expulsión de diputados de izquierda por sus ideas. ¿Qué partido con representación parlamentaria cometería hoy el monumental error de proponer la expulsión de un legislador por razones ideológicas? Ninguno. Es la izquierda que prefiere un papel testimonial en la democracia (nunca consigue más del 3 por ciento de los votos) y que se resignó a no gobernar. Votará en contra de la expulsión de De Vido no por complicidad (nadie puede suponer eso), sino por un sentido innecesario de preservación.

El único argumento del kirchnerismo, y no sólo del kirchnerismo, es que se vive un tiempo electoral y que la expulsión de De Vido forma parte de ese tiempo. Todo es electoral en estos momentos, pero luego sucederá otra cosa que también podría obstaculizar la destitución del ex funcionario. Sin embargo, la conclusión no es tan complicada. La expulsión de De Vido no beneficiará a ningún partido en particular, porque la hará posible una amplia constelación de partidos (que va del oficialismo al peronismo antikirchnerista o alejado recientemente del kirchnerismo). En cambio, el Gobierno podría salir beneficiado si se rechazara la expulsión. Podrá decir que hizo todo lo posible y que no pudo para dejarlo sin fueros, en la orilla misma de la cárcel, al más emblemático de los funcionarios corruptos de la era kirchnerista.

Fuente: La Nación