El querido reportero gráfico era fotógrafo del diario chiquito. Esperaba un trasplante de riñón que nunca llegó.

Joven e inquieto, calentón y humano. Así era Rolando Díaz en su trabajo. Solidario, valiente y caballero, así lo recordarán sus colegas. Su muerte representa para el periodismo salteño un dolor profundo y también una pérdida importante. Fue fotógrafo del diario grande, El Tribuno y ahora hacía lo mismo en chiquito, El Nuevo Diario. Siempre fue el mismo. Ningún otro fotógrafo jamás tuvo tanta opinión propia como Rolo. Más de una vez a las piñas con la policía. Más de una vez un escupitajo al piso, delante del cana más malo.

Una grave afección hepática y la diabetes deterioraron mucho la salud del querido “Rolo” Díaz, cuyo estado se agravó en las últimas horas.

La crónica dice que “Rolo” era muy apreciado en el ambiente periodístico, “y siempre se las ingeniaba para estar donde estaba la noticia. Eso lo llevó a que más de una vez quede en medio de situaciones de violencia, siendo incluso alguna vez agredido por la Policía en el cumplimiento de sus funciones”.

Lo cierto es que Rolo Díaz era un periodista, con una cámara de fotos. Un tipo de barrio, con un gran corazón. Justo y afectuoso. El velatorio será en Pieve, calle San Luis 545, sala B. Nada más que un gracias, y un hasta luego.