Analizamos de qué manera medios digitales locales nombran lo femenino a través de metáforas, entre ellas los dichos del diputado del PRO Andrés Suriani, quien definió a las militantes feministas como la “Nueva Gestapo”. (Andrea Sztychmasjter)

En esta nota veremos qué argumentos son utilizados por los medios de comunicación salteños para definir y describir lo femenino, para pensar de qué manera estos medios presentan y difunden su discurso social. Uno de los objetivos del análisis del discurso es identificar en el enunciado las huellas del espacio social e ideológico desde el que éste fue enunciado para poder apreciar su pertenencia a una tradición discursiva y evaluar su relación con el discurso dominante. Toda “doxa” señalaría como extraño, a-normales e inferiores a ciertos seres y grupos, en los que entrarían las mujeres, diferenciadas de lo masculino y universal, y presentadas a través de determinadas metáforas.

Las metáforas abundan en nuestra vida cotidiana, atraviesan nuestro lenguaje de variadas formas pero también nuestros pensamientos, se configuran así conceptos a través de los cuales nos relacionamos con el mundo exterior a nuestra imaginación. Las metáforas sexistas, esas que sustentan estereotipos del hombre y mujer siguen hoy vigentes en los discursos y los medios poseen el papel importante de optar por seguir o no reproduciéndolas. ¿Pueden optar? ¿Por qué las siguen reproduciendo?

Lugares comunes

Fue el diputado provincial electo hasta 2021 y ex concejal del PRO Andres Suriani, quien mediante una nota de opinión, definió a las militantes feministas como la “Nueva Gestapo”. En la misma carta describió al movimiento de mujeres como la “nueva inquisición laica”, y definió de “proclamas descabelladas” a la “ideología de género que apuntan a promover un falso igualitarismo, antinatural, forzado y traído de los pelos”, en relación a la comunidad LGBT, y los describió como “grupos minoritarios (que) carecen de toda legitimidad y han venido operando en el marco de lo que se puede identificar como el nuevo marxismo cultural” (Suriani).

“Las pretensiones feministas, abortistas y de agravio al género masculino es una deformación antinatural que abre un frente de disputa inútil y redundante, dilatando la solución al problema”, afirmó Suriani para finalizar su nota, y apelando a la “doxa” hegemónica del discurso católico -culto mayoritario en esta provincia- para validar sus opiniones, señaló: “Asimismo, un párrafo aparte merecen las innecesarias muestras de ofensa para quienes profesan el culto católico, los actos de exhibicionismo innecesario que no hacen otra cosa que desvalorizar el pudor femenino” (Suriani).

Si tenemos en cuenta una de las funciones más importante de los discursos sociales, la de producir y fijar legitimidades, validaciones, publicidades (hacer públicos gustos, opiniones e informaciones). La cosa impresa misma es un instrumento de legitimación en tiempos en los que se cree sin reservas en “lo que está escrito en el diario”. El discurso hegemónico funciona como censura y autocensura: dice quién puede hablar, de qué y cómo.

La nota de Suriani fue reproducida por varios portales digitales informativos, aunque la estrategia de esos medios pudo ser la de generar una polémica o “abrir el debate” tal como señala una de sus volantas, el discurso social fue difundido y se intentó con ello llegar a la mayor cantidad de lectores. El diputado definió al feminismo como la “inquisición laica” y “nueva Gestapo”, en alusión a momentos históricos que nos remiten a sucesos terriblemente trágicos para la humanidad. En su misiva el legislador aseguró además que el feminismo “enfrenta a la mujer con el hombre”, sin reconocer las enormes conquistas en materia de derechos humanos, educativos, civiles y políticos de este movimiento internacional.

Si analizamos cómo funcionan las metáforas, vemos que nos permiten comprender un aspecto de un concepto en términos de otro, pero a su vez necesariamente oculta otros.  Al permitirnos conectarnos con un concepto metafórico olvidamos otro, o mejor dicho apunta a que nos olvidemos, impide que nos concentremos en otros conceptos, porque justamente lo que logra un “concepto metafórico” es que no nos concentremos en conceptos que son inconsistentes con la metáfora utilizada.

Suriani se validó de sus comparaciones e invocando la libertad de expresión  aprovechó para defender a sus “colegas”, periodistas. Se refirió así sin nombrarlos, a los conductores de la AM840 denunciados públicamente por sus críticas a la comunidad de lesbianas, diferenciándolas de las “mujeres feministas” y a quienes el diputado definió de “barras intimidatorias”. En su opinión Suriani evitó dar cuenta de la heterogeneidad del feminismo y la diversidad de sus reivindicaciones. No obstante, (o quizás por) sus dichos, en las últimas elecciones provinciales Suriani fue elegido diputado con 25083 votos siendo su lista tercera de un total de dieciséis.

“Las dormidoras” y las “viudas negras”

Bajo el título “Volvieron a actuar las ‘dormidoras’ en Salta”, una nota en un portal digital local describe que “un chofer de la empresa General Remise, de Villa 20 de Junio, estuvo por tres días internado en el hospital San Bernardo, tras caer presa de una ‘dormidora’, quien junto a otras cómplices le saquearon el auto y le robaron la suma de 300 pesos de sus billetera”.

En esta metáfora vemos como las mujeres son presentadas en la noticia en relación a una especie de rata (dormideros rojiza) asemejadas a un aspecto biologicista de especie macho- hembra, que busca su “presa”. En otro titular un portal informativo presenta: “Tomó una ‘jarra loca’ en una fiesta y murió: sospechan de ‘viudas negras’”.  En el cuerpo de la noticia señalan que un hombre murió “después de haber ingerido una ‘jarra loca’ con distintas bebidas alcohólicas en una fiesta con mujeres que huyeron del lugar con objetos robados, informaron hoy fuentes policiales”. Aquí las mujeres son presentadas como “viudas negras” figura utilizada en alusión a la hembra del arácnido del mismo nombre, que después de copular, mata y engulle al macho.