Una investigación de Gabriela Ferro, socióloga de la UBA, analiza a las trabajadoras de “casas particulares” en Salta. En nuestra provincia 1 de cada 4 asalariadas se dedica a esta actividad y el 78% continúa estando “en negro”. (Andrea Sztychmasjter)

Gabriela Ferro, Licenciada en Sociología de la UBA y doctoranda en FFyL/UBA/ ICSOH y en la Universidad Nacional de Salta, se encuentra investigando acerca de las condiciones de trabajo de las empleadas “domésticas” en Salta. En su trabajo “La invisible mayoría, las trabajadoras de casas particulares”, Gabriela describe que solo en la ciudad de Salta y alrededor (Cerrillos y la Caldera) son más de 24.000 trabajadoras, que representan el panorama laboral salteño, clave para entender la situación económica de las mujeres.

Una de cada cuatro trabajadoras en Salta lo hace en el sector de “casas particulares”, es decir, casi el 26% del total de las mujeres trabajadoras se dedica a realizar tareas de limpieza y cuidados ya sea de niños o ancianos para obtener los ingresos necesarios para aportar o mantener sus propios hogares. Los datos descriptos en el trabajo de investigación son los registrados para el año 2017 (primer trimestre) por el INDEC.

Según la investigación, las trabajadoras de “casas particulares” en Salta, “superan la cantidad de trabajadoras de otras actividades, inclusive aquellas altamente feminizadas, como la salud y la enseñanza, que debido a los estereotipos de género son tradicionalmente desarrolladas por mujeres.”

Detalla el trabajo de la socióloga – según datos provistos por la EPH-INDEC (1er trimestre 2017) Dirección General de Estadísticas de Salta – solo el 8% de las mujeres asalariadas en Salta se dedica a la salud, apenas el 11% trabaja en el rubro del comercio, el 14% se dedica a la enseñanza (maestras y profesoras) y otro 14% de mujeres trabajadoras lo hace en el empleo público. En cambio, del total de trabajadoras bajo patrón/a casi el 26% de ellas se emplea como personal doméstico.

Aquí se vislumbra un dato interesante que tiene su relación en la invisibilidad de estas trabajadoras: “Lo contradictorio es que a pesar de su importancia numérica se encuentran dispersas en casas de familia, por lo tanto, así aisladas, se vuelven invisibles, y sobretodo existe poca conciencia de su relevancia. A diferencia de la fábrica u otros espacios de trabajo como pueden ser las reparticiones públicas, o cualquier empresa privada en las que en general se conforman grupalidades, estas trabajadoras ejercen su trabajo, solas”, describe Ferro.

Trabajadoras en negro

La investigación describe que a pesar de contar con una ley que las protege (Ley 26.844 de “Régimen Especial de Contrata de Trabajo para el personal de casas particulares”) lo que predomina todavía es su escaso cumplimiento. En el caso de Salta, el 78% de las trabajadoras continúa estando “en negro”. Es decir, sus empleadores no las han registrado en la seguridad social y por lo tanto quedan excluidas del aporte jubilatorio y los derechos contemplados por la normativa que rige para este tipo de empleo.

Según se desprende de los relatos detallados en la investigación las trabajadoras en muchos casos se sienten maltratadas por sus patrones. Frases como “La empleada es culpable de todo” y “Queremos que nos respeten” se repiten en las conversaciones y reuniones que la socióloga realizó con ellas y son la muestra de la precarización no solo económica sino moral que históricamente atraviesa a las mujeres que se dedican a esta actividad.

Los datos reflejan otro aspecto importante que tiene que ver con la falta de oportunidades y políticas públicas destinadas a la generación de empleo genuino en nuestra provincia, El “trabajo doméstico” termina siendo la última alternativa, en muchos casos las mujeres terminan dedicándose a esta actividad “porque no les queda otra”. “Las vagas que no estudiamos, yo si estudié, terminé el secundario, el terciario, pero por las vueltas de la vida trabajo de esto”, señaló una de las trabajadoras.

Mi patrona la abogada

La investigación describe que aun hoy existe mucho temor en las trabajadoras a denunciar la situación del trabajo precarizado: “Muchas veces una se calla la boca porque necesita trabajar. Me ha pasado que hablé y me quedé sin trabajo”. Otra trabajadora señala que ellas tienen que “dar la cara”. “Una va con miedo porque tu patrona es abogada”. Otras asienten: “y sí, por ahí es abogada tu patrona”.

Cada día miles de mujeres vuelven a sus hogares después de sus trabajos y se encuentran con una casa limpia, comida casera sobre la mesa y sus hijxs aseados gracias al trabajo de otras miles de mujeres “empleadas domésticas” y niñeras. La pregunta que deviene sin embargo es ¿y quién cuida de los hijxs de estas trabajadoras? La socialista Kristina Hultman aseguró que “el debate (sobre el trabajo doméstico) ya no trata de las desgravaciones, sino de si una está a favor o en contra de tener criadas” o más exactamente: “¿Pueden las mujeres que contratan a otras mujeres para que limpien sus casas ser llamadas feministas? ¿Pueden mujeres con empleos que luchan por la igualdad en otros ámbitos contribuir a mantener la desigualdad?”.

El debate está dado y la teoría feminista se ha encargado de analizarlo desde diferentes aspectos. El trabajo doméstico reproduce y perpetúa las relaciones sociales y económicas de desigualdad de género, pero también de clase. La feminista estadounidense Nancy Fraser se preguntó “¿Quién limpia la casa de la limpiadora?” Fraser afirma que esa pregunta demuestra que el sistema, desde el punto de vista feminista ético, está ocluido. Las trabajadoras no pueden contratar servicio doméstico que le haga el trabajo de la casa mientras ellas están fuera trabajando en el servicio doméstico, con lo que se condena a un grupo de mujeres, pobres, inmigrantes, de clase obrera, a la doble jornada mientras que las mujeres de clase media se libran de ella.

“Unidas podemos lograrlo”

Es el nombre de una asociación salteña de mujeres trabajadoras de casas particulares que desde hace un año vienen manteniendo reuniones para informar sobre sus derechos y organizarse para que sean respetados. Ana Díaz, una de las referentes, señaló que entre las principales demandas, las trabajadoras actualmente buscan ser incluidas dentro de la tarifa social de SAETA. El boleto reducido ya existe en otras provincias, como Buenos Aires, Córdoba, San Juan, Corrientes, Chaco y La Rioja, sin embargo luego de reuniones con diputados para analizar el proyecto Ana manifestó que este se encuentra parado. “Lo que pedimos es un descuento de un porcentaje en el boleto de colectivo que incluso se encuentra estipulado por ley”, señaló Ana y agregó que actualmente el Sindicato salteño se encuentra acéfalo, así que las próximas acciones serán analizar por un lado la cuestión de una obra social que las cubra y realizar una asamblea normalizadora en el sindicato. “Si nosotras no hablamos, nadie lo hace ni siquiera el Ministerio de trabajo”, señaló.