En su paso por Salta, la antropóloga Rita Segato se refirió a la “sospecha moral” que sigue recayendo sobre las mujeres. Criticó al individualismo imperante y abogó por un movimiento específico que trabaje el abordaje mediático de la violencia de género. (Andrea Sztychmasjter)

Con casi nula participación de hombres, Rita Segato dio inicio al primer día del curso de Posgrado de la U.N.Sa: “Reflexiones Divergentes Sobre la Violencia Contra las Mujeres”. Hago hincapié en la poca participación de hombres, pues parece que la problemática de la violencia contra las mujeres, es solo problema de nosotras. Contrariamente a ese sentido común, Rita Segato se ha encargado de analizar los mandatos de la masculinidad.

Señaló que el hombre construye su masculinidad en base a un “robo de tributo”, ya que espera una entrega de control por parte de la mujer. Si el hombre no logra apropiarse de ese tributo de alguna forma, en su visión sexual o doméstica o de cuidado, si el hombre no logra la sumisión de la mujer a su supuesta inteligencia o “virilidad”, el hombre no es hombre. Allí se configura ese mandato de la masculinidad y allí aparece la violencia en todos los ámbitos en donde las mujeres se desarrollan.

La autora de “La guerra contra las mujeres”, señaló que “la primera víctima del mandato de masculinidad es el hombre, lo masculino necesita todo el tiempo mostrar potencia”. A través de su experiencia de entrevistas a violadores en cárceles de Brasil, definió que “pensar que la violación es un acto sexual, del campo de lo erótico, es un gran error: la violación es un crimen de poder”.

Trampas del culturalismo

Rita Segato trabajó por más de 10 años con mujeres indígenas de Brasil, allí analizó profundamente la cuestión del patriarcado y el colonialismo.  En su charla en Salta señaló que la estructura de lo masculino y femenino no es simétrica, y la mujer debe rendir cuenta continuamente de una “doble lealtad”.

Segato en su charla magistral continuamente hizo referencia a sus experiencias de trabajo con mujeres en diferentes comunidades, en base a ejemplos palpables dio una muestra de todo el camino recorrido por los feminismos diversos, tal como lo definió. Relató su experiencia con “el feminismo no blanco”, en comunidades de Chiapas: “Aprendí mucho, comprendí que existía un sistema mucho más sofisticado de género que empoderaba más a las mujeres”:

“En el campo encontré que las mujeres tenían una manera de construir la persona y la relación entre la base biológica, las tareas, la visión del trabajo, la emotividad, los papeles políticos dentro de la comunidad de una forma más andrógina y no determinada biológicamente. Cuando trabajé con ellas en los años 70 encontré una sociedad sin violencia de género. Percibí una construcción de género de altísima complejidad”, señaló la antropóloga.

Mencionó que para trabajar con una perspectiva de género, buscó en la gramática y en las convenciones del lenguaje: “De ahí saqué la categoría género y no fue de la teoría, esa con la que trabajamos hoy no estaba todavía, recién cuando llegué a Europa simultáneamente se dieron la crítica feminista al psicoanálisis, a la psicología, a la filosofía, a la antropología”.

Señaló que encontró que en Chiapas ante el “chantaje masculino” en función a la vida en comunidad de poner prioridades; primero resolver el problema del pueblo y luego el problema de las mujeres, la respuesta que se vislumbró es que cuando el viento de las luchas históricas y políticas sopla para el pueblo, indefectiblemente también sopla para las mujeres.

La antropóloga contó que una de las salidas que descubrió fue justamente la vida comunitaria. Se refirió a que existen dos proyectos históricos, uno relacionado a las cosas materiales y al consumo, que propicia el individualismo moderno y otro proyecto relacionado a los vínculos. Mencionó que el arraigo comunitario, vincular y local es disfuncional al proyecto de las cosas materiales. En ese proyecto comunitario las mujeres aparecen como sujetos. “Lo dice una mujer que festejó su cumpleaños 65 con las mismas personas que cuando tenía 15, eso es una inversión psíquica y material”, relató, para referirse a la importancia del sostenimiento de los vínculos y relaciones.

Manifestó que el problema del culturalismo y el costumbrismo es enorme y peligroso, y que aún hoy muchos operadores de la justicia no saben que muchas costumbres en los pueblos son crímenes. Aquí se mencionó al “chineo”, practica ancestral que hoy sigue vigente. Fue la profesora y también coordinadora del curso, Alejandra Cebrelli, quien se encuentra investigando sobre esta práctica en territorio salteño quien afirmó que salvo pocas excepciones como la periodista Elena Corbalán, el chineo también ha sido históricamente invisibilizado por los medios de comunicación.

“Elena es una de las pocas periodistas que los propios pueblos originarios le cuentan cosas. Un cacique le contó que a su sobrina la habían violado ocho criollos y que para que no dijera nada le hicieron tragar un vino con vidrio molido. Fue una violación seguida de femicidio”, señaló la docente haciendo hincapié en el histórico silenciamiento que han sufrido los pueblos originarios.

Rita Segato describió al respecto que son los propios jueces quienes levantan la duda sobre las mujeres “en uno de los casos un juez quiso corroborar si la niña violada era virgen o no, aquí entra lo de la sospecha moral. Las niñas indígenas son sospechadas en su moral solamente por ser indígenas”:

“Las mujeres nunca somos víctimas creíbles. Sobre las mujeres pesa una sospecha moral diaria. Todos los días de nuestras vidas tenemos que defendernos del ojo sospechoso que nos mira. Y si somos mujeres no blancas eso se acrecienta”, resaltó Segato.

Violencia mediática

Segato marcó que el periodismo en Argentina “ha pasado todos los límites”, respecto al abordaje mediático de la violencia de género. Definió que el periodismo separa los hechos en vez de contextualizar y realizar un análisis más profundo, y las consecuencias negativas de esto se ven en la censura de determinados aspectos que hace que no se produzca una completa inteligibilidad de los hechos. Señaló que el periodismo no tiende a contradecir el sentido común, al contrario, solo reproduce estereotipos y se muestra dócil a ellos: “No enseñan nada”, remarcó.

¿Cómo se enseña comunicación?, se preguntó la antropóloga al referirse al trabajo en los medios de los egresados de esta área. Las mujeres presentes dieron cuenta de varias situaciones de abordaje “amarillista” de los medios salteños y argentinos en la cobertura de casos de femicidios. “La proporcionalidad de las violencias es constantemente censurada y esa es la pauta periodística porque la tensión en determinados aspectos de las personas es controlada. La gente no quiere complejidad y los medios van produciendo ese ciudadano y un público barbarizado”, señaló Segato.

Finalmente la antropóloga que señaló que “en los medios existe una pedagogía de la crueldad” ante la cobertura de casos de violencia de género, manifestó la necesidad imperante de constituir un movimiento que específicamente se encargue del análisis del abordaje mediático de la violencia contra las mujeres y trabaje sostenidamente en un periodismo con perspectiva de género.