En el Hogar Escuela Camen Puch de Güemes, más de cien alumnos integran una pintoresca orquesta sinfónica que ya estuvo en grandes escenarios y disparó en muchos de los chicos el anhelo de ser grandes músicos y compositores de la escena local. (Trilce Lovisolo)

Los días más bonitos de sus semanas son los sábados. De 9 a 13 ocurre ese encuentro con la música que sale de los instrumentos que ellos mismos emplean para interpretar los acordes de composiciones clásicas. Cerca de 110 alumnos del Hogar Escuela Carmen Puch de Güemes y otros treinta alumnos que asisten desde otras instituciones, integran la Orquesta Sinfónica de esta vieja institución de la capital salteña.

La Orquesta sigue tocando, luego de que el año pasado peligrara la continuidad del programa Coros y Orquestas del Bicentenario, del cual depende este grupo de pequeños músicos.

Carolina Pineda Andrade es la directora de la orquesta y dialogó con Cuarto Poder sobre este proyecto que la enorgullece y la hace espectadora privilegiada de sueños que se vuelven la meta real y el anhelo inquebrantable y pasional de decenas de niños que sueñan con la música en grande. “La verdad que la situación de las orquestas se regularizó. Eso no quita que el futuro del programa siempre es incierto porque depende de la voluntad política de la provincia, en tanto que Nación se desentendió”, cuenta antes de continuar.

Violín, viola, chelo, contrabajo, flauta, corno, oboe, clarinete, percusión, trombón y trompeta, entre otros instrumentos, le dan música al Hogar Escuela en cada ensayo. Las mañanas de sábado, así, se convierten en jornadas musicales y alegres. Comienzan con un repaso de las últimas cosas que han ido aprendiendo las semanas previas y continúan con la afinación de los instrumentos, hasta las 10:30. Esa es la hora del mate cocido y los deliciosos pancitos que se preparan con la ayuda de madres de alumnos y personal del hogar. “Desde las 11 nos juntamos todos a tocar y a desafinar juntos”, dice risueña la directora.

En marzo de 2012, se lanzó el Concurso para crear la Orquesta del Hogar Escuela en el marco del Programa Orquesta, impulsado por el Gobierno Nacional. Carolina Pineda Andrade se presentó para el cargo de directora de la orquesta y de profesora de violonchelo. Un jurado, integrado por personas de Buenos Aires, la eligió para ocupar los dos cargos para los que se había postulado. Hoy la Orquesta Sinfónica del Hogar Escuela, ya ha subido varias veces a los escenarios, al principio en presentaciones más “caseras”, como ella misma las define, para familiares de alumnos y amigos y luego para otros públicos. Ya han tocado en Rosario de la Frontera, para el Programa de Aula Rodante, en el Centro de Convenciones en agosto y en el marco del “V Encuentro Nacional de Orquestas”, entre otros. Hace unos días los chicos tocaron para un grupo de masones, la Logia de San Martín. “Fue un éxito, los chicos brillaron. Además, les regalaron un libro a cada uno por el Día del Niño”, contó Carolina.

Aprender y crecer

Han puesto en los encuentros de los sábados toda su atención. También han puesto su corazón y es entonces como muchos de ellos ya sueñan con hacer de la música su medio de vida. Los chicos de la Orquesta Sinfónica del Hogar Escuela están aprendiendo más que música.

“Es increíble cómo la música y la práctica de un instrumento les ha abierto la cabeza. Desarrollan la memoria, la concentración, la responsabilidad, lo que significa el trabajo en equipo. La capacidad para relacionarse. Muchos sueñan con llegar muy lejos y viajar con la música. Otros dicen que les gustaría tocar en la Sinfónica de Salta. Además, la sensación de estar tocando todos juntos en un escenario y recibir los aplausos, tiene un poder curativo”, describe Carolina, quien agrega que al principio, dirigir esta orquesta le significó un duro reto. “Muchas veces sentí que sería un reto que no superaría. Se sumó el hecho de que estuve muchos años en Barcelona, acostumbrada a otra realidad y a tener alumnos con todas las comodidades. En el Hogar los inicios fueron muy duros. Nos costó mucho que nos aceptaran y nos prestaran las instalaciones, las aulas, hasta una pava para calentar el agua caliente para el mate cocido. Costó también que permitieran que los alumnos vinieran a clase, que nos abrieran las aulas los sábados. Fue un proceso de adaptación de las dos partes, de los docentes de música y del Hogar. Ahora nos brindan todo y participan con nosotros de los logros de los chicos”, cuenta.

“La mayor satisfacción para mí es poder transmitir lo que me enseñaron mis profesores  y soñar que encuentren en la música un refugio y en el instrumento, un amigo. A mí, mi violonchelo me ha salvado de grandes depresiones”, expresa. “Todos los niños en general suelen ser receptivos y con ganas de aprender y experimentar. Los chicos del Hogar Escuela son especialmente cariñosos y están necesitados de afecto. La música les ayuda, porque significa compartir, aprender, pensar y de a poco van ganando seguridad interna.  Son  muy sensibles, sólo necesitan tiempo para darles forma a esos sentimientos a través del instrumento. ¡Estoy convencida de que en el futuro pagaremos una entrada para verlos tocar!”.

Mirar hacia adelante

En el Hogar Escuela conviven realidades muy distintas, de chicos que a veces tienen un contexto familiar complicado. “¿Creés que participar en la orquesta es para los niños un poco un modo de “curarse el alma”, por decirlo de alguna manera?”, preguntó este semanario a la directora de la orquesta. “Prácticamente todos los niños tienen una realidad complicada y por mucho que me duela, no tengo manera real de ayudarlos. Lo único que podemos hacer es mostrarles que en la música, pueden encontrar un camino largo que los lleve muy, muy lejos de lo que muchos de ellos están viviendo. Y que con esfuerzo se consigue todo. Ya no pasa por el dinero, porque hay becas y ayudas, pasa por enseñarles a creer en el poder del esfuerzo”, respondió Carolina.

En la Orquesta del Hogar Escuela como en las otras orquestas que hay en Salta, los chicos reciben un instrumento y un profesor les enseña, a cambio de su compromiso con la asistencia a las clases, los ensayos y la responsabilidad en el estudio y el cuidado del instrumento. “El poder de la música en éstos casos no sólo es curativo, también es vital. Estos programas son muy necesarios y hay que ayudar a mantenerlos porque realmente salvan vidas. Muchos alumnos nos comentan que les encanta tocar y nos dicen ‘seño, yo quiero ser cómo usted`. Una vez les hice un examen sorpresa y les pregunté: ‘¿Qué es para vos la música?`. Pensé que contestarían `un conjunto de sonidos y ritmo` pero una alumna puso: ‘Es una cosa muy linda que te hace olvidar de las cosas feas y te pone feliz cuando estás mal’”.

“Ojalá la música los lleve muy lejos, así como a mí que después de estar veinte años viajando por el mundo, vine a parar a Salta. ¡Estoy convencida de que en el futuro pagaremos una entrada para verlos tocar!”.