Luego de casi tres meses de investigación se requirió juicio contra el ex sacerdote Emilio Lamas, por graves hechos de abuso sexual infantil cometidos a principios de los 90´, contra Juan Carlos García  y Carla Morales, cuando era párroco en Rosario de Lerma. (Aníbal Roldan)

La investigación cuenta con la recolección de varios testimonios, pericias psicológicas, inspecciones oculares, y abundante documentación, pero aún falta la incorporación de las actas del proceso canónico, que el Arzobispo de Salta se negó a entregar, y que dependen de una resolución del Tribunal de Impugnación.

“En este tiempo se han recolectado elementos que prueban que los abusos sexuales de Lamas se cometieron con abuso de poder y tratos crueles y degradantes. Fue muy importante el testimonio de las víctimas, y de testigos indirectos, ya que explicaron cómo funcionaba el Estado y la Iglesia Católica, para evitar que los abusos se denuncien”, explicó Luis Segovia, abogado de las víctimas. 

“La investigación también ha recolectado datos de los factores culturales de la época: algunos testigos relatan que en los años 90´ era imposible denunciar a un cura, porque “eran la autoridad”, agregó.

La causa no prescribió

Esta semana también se expidió el Tribunal de Impugnación, a través del voto de Antonio Omar Silisque, quien rechazó el planteo de la defensa sobre prescripción de los delitos por el paso del tiempo.
Entre los fundamentos del juez, también se hace mención a los factores culturales de la época, y se destacan estos párrafos: “(…) es dable tener en cuenta el contexto cultural de tiempo y lugar de los sucesos, en el que los miembros regulares de la iglesia católica gozaban de una gran estima social, de allí la queja actual de la víctima de que ninguna de las personas a las que les relató el hecho, le indicó que el camino a seguir era la denuncia penal”.

“No puede soslayarse en el caso, como en tantos otros, que consumado el delito contra la integridad sexual, a la víctima no le resulta fácil acudir a la autoridad pública —para lo cual se requiere en ocasiones de arios para el entendimiento y comprensión de lo sucedido y así madurar el propio sufrimiento— y la situación de vulnerabilidad en la que se posiciona, así como, en el caso, por el entorno social en el que se inserta el hecho, más aún, cuando se trata de un miembro del clero; tampoco puede resultar indiferente la concepción sociológica de los años en los ocurrieron los hechos que se denuncian, época donde estos acontecimientos, también, sucedían pero resultaban tabúes sociales o que cierta valoración social consideraba que lo mejor era mantenerlos en la intimidad, percibiendo de esa manera la víctima que era ella quien no encajaba en el engranaje del contexto, como si la responsabilidad o ‘culpa’ por el acometimiento sexual fuera de quien la padecía. Trama que no debe escapar del análisis en el caso que se trata. Se colige de ello, que no se pueden considerar a los ilícitos sufridos, como “delitos ordinarios”, tal como los cataloga el recurrente”. 

La Iglesia lejos de la cura

Esta cultura clerical y del secreto explica en parte los abusos cometidos, pero no son los únicos factores que contribuyen al problema, también está la cultura patriarcal y la concepción sobre la sexualidad que tiene la Iglesia.

El mes de febrero en 2019 tiene la convocatoria del Papa Francisco a una cumbre de obispos para tratar la protección de menores, pero se hará en una creciente condena a la homosexualidad.

Recientemente, por la publicación del libro de Fernando Prado, “La fuerza de la vocación”, de editorial Claretiana, se conoció lo que piensa el Papa sobre la homosexualidad: “La cuestión de la homosexualidad es una cuestión muy seria que hay que discernir adecuadamente desde el comienzo con los candidatos, si es el caso. Hemos de ser exigentes. En nuestras sociedades parece incluso que la homosexualidad está de moda y esa mentalidad, de alguna manera, también influye en la vida de la Iglesia”, y agregó “Por esta razón, la Iglesia insta a que las personas con esta tendencia arraigada no sean aceptadas en el ministerio o en la vida consagrada”.

La opinión de Francisco va en contra de la ciencia, y de la imagen periodística que lo ha mostrado como moderno y comprensivo.

 

Al respecto, las investigaciones sugieren que el abuso sexual infantil no está relacionado con la orientación sexual: los perpetradores pueden ser heterosexuales, homosexuales, lesbianas o bisexuales. Los hombres que se identifican como heterosexuales son tan capaces, como los hombres que se identifican como homosexuales, de cometer abuso sexual infantil. Los documentos del Vaticano que relacionan la homosexualidad con el abuso sexual infantil no están de acuerdo con la evidencia psicológica actual ni con la comprensión de la sexualidad humana.