Ivonne Bordelois.

Ivonne Bordelois, ensayista y amiga de Alejandra Pizarnik cuenta cómo fue la relación entre ambas y de qué forma recuerda a la poeta y traductora argentina.

–¿Cómo era hacer un proyecto, una revista, reportajes con Alejandra Pizarnik, sobre todo ese famoso que le hicieron a Borges?

–Fue muy interesante la experiencia que tuvimos con Borges, ella trabajaba para una revista venezolana que se llamaba Zona Franca, le pagaban muy bien y le habían pedido entrevistas, estoy hablando del año 1965, 66 y ella era muy especial en el sentido que en ciertos momentos se afirmaba mucho, se plantaba mucho y en ciertos momentos, si se sentía en un contexto que no le era familiar o no sabía de qué manera integrarse entonces, se retraía mucho y en el caso de Borges era un caso típico porque era un señor bien de Buenos Aires, no era el tipo de persona que Alejandra frecuentara…

–¿Ustedes fueron a su departamento en la calle Maipú?

–Sí, fuimos con uno de esos aparatos Geloso, todavía tengo la cinta pero se echó a perder y creo que no se puede recuperar, es una cinta histórica y la mayor parte de las preguntas las preparó Alejandra, ella era muy buena entrevistadora y yo me reservé dos o tres preguntas, una de ellas era porqué había escrito en inglés dos poemas muy famosos que resultaron ser dedicados a una mujer con la cual solía encontrarse, ir a reuniones, cenas y esa mujer hablaba inglés y en ese idioma hablaba con ella.

–¿ Además de aquella revista donde publicaron la entrevista con Borges, también trabajaba para publicaciones nacionales?

–La que más le rendía era la venezolana, después se publicaron poemas de ella en una revista importante en París y, si uno mira con detenimiento, publicaba en diversas revistas pero tenía muy buena relación con el director de Zona Franca que vivió acá por un tiempo.

–¿En qué contexto se dio su correspondencia con Alejandra?

–Yo me encontré con Alejandra en París en el año 1960 porque obtuve una beca del gobierno francés a través de la Alianza, ofrecía becas a estudiantes argentinos. Yo ya había estado un año antes y me presenté y la gané. Una tía mía que vivía en París que era cantante y conocía toda la música de Debussy, Ravel, era una mujer encantadora y muy fina, fue como una madrina espiritual y pertenecía a un grupo de escritores, pintores, músicos, artistas y en ese grupo se integraron Alejandra y Lulú

–¿Ella le mostraba los poemas, le pedía opinión, qué notaba de su estilo?

–Los poemas de Los trabajos y las noches y de Árbol de Diana los empezamos a trabajar en París y lo continuamos acá. Notaba un estilo que no se parecía a ninguno y además ella tenía mucha confianza con respecto a un tema muy delicado que en general no se trabaja mucho entre poetas y es cómo se ordenan los poemas de un libro.

–¿Qué aprendió del abordaje de Alejandra?

–Aprendí de ese mirar detrás de lo que se dice, a través de lo que se dice y cómo se afina el sentido musical y cómo ciertas cosas se pueden decir en francés y no en español, ella conocía muy bien la literatura española, por ejemplo Quevedo y Góngora. Yo tengo un cuaderno donde ella anotaba sus citas preferidas y hay mucho de los franceses y de los ingleses pero hay citas de Quevedo y Góngora que son preciosas.

–¿La vida política en tiempos de Onganía de prohibiciones le afectaba a ella y a su entorno?

–Ella venía de una familia que había sido muy perseguida, se pudieron escapar a duras penas y parte de su familia fue liquidada por los nazis y otra por los comunistas. El hecho de que su familia fuera liquidada por la derecha y por la izquierda la volvió medio neutra, conocía el juego, y veía como execrables a los dos bandos. Lo que sí tenía era mucha vulnerabilidad y mucha sensibilidad para todo lo que oliera a antisemitismo, ese era el límite, reaccionaba muy fuerte aunque siempre estaba más con gente de izquierda.

–¿Usted venía venir el final trágico que tuvo?

–Ella era una persona que escribía al borde del abismo todo el tiempo, ella estaba al borde del abismo. En París la habitaba una especie de energía, fue un momento muy bueno y cuando ella volvió tienen mucho éxito sus libros de poemas, obtiene el Premio Municipal de Poesía, algo extraordinario, al fin y al cabo ella era muy joven y no tenía tanta obra publicada. Quería volver a París pero Cortázar y Paz estaban envueltos en las polémicas sobre la Revolución cubana y las peleas con Vargas Llosa y no había tanto lugar para ella. Llega a París y hay un desencanto, ya no hay ese clima de años antes, estaban en otra cosa, vuelve y al poco tiempo se muere el padre y fue un golpe tremendo para ella, adoraba al padre y lo trataba pésimo, muy bipolar. Ahí empieza un poco el derrumbe. El otro tema es que desde adolescente se había acostumbrado a tomar anfetaminas para estar delgada y también tuvo varios desencuentros amorosos. Yo me había ido, con Onganía me quedé sin trabajo en la Universidad y me fui a Estados Unidos. Algo tenía que hacer y ahí empieza la segunda parte de la correspondencia que es mucho más intensa, que duró hasta 1972, cuando ella murió. Cuando empieza a tener síntomas muy avanzados de deterioro (a consecuencia de su cuadro depresivo y tras dos intentos de suicidio), la internan en el Hospital Pirovano pero la internación era ambulatoria y los fines de semana la dejaban salir y en una de esas salidas se quitó la vida.

–¿Cómo valora hoy la poesía y el legado estético de la obra de Alejandra?

–Es un legado que está en peligro porque el posmodernismo borró todo, empañó todo, ironizó todo, porque ella fue muy lejos, fue hasta la frontera de lo decible. Hoy la gente que mejor escribe no está en Buenos Aires, está en el interior, desde aquí hay una posición siempre mirando a Estados Unidos, en cambio en el interior están protegidos sobre todo Salta Teuco Castilla es un gran poeta, (Jorge Leónidas)Escudero, Bustriazo Ortiz, creo que la gran poesía de hoy en día viene sobre todo del interior porque es gente que está más purificada no están en contactos con los “modelos” estrambóticos, están en lo suyo como hizo Alejandra se preguntan cómo hago yo desde mi vida para transformar el lenguaje sin necesidad de usar lo fashion, la taquilla, la moda…

Fuente: Página 12