Aseguran que el sujeto que se cree el “Médico en Tu Casa” ha vuelto a atacar en las calles salteñas: intentó ahorcar a un par de remiseros con el estetoscopio de juguete.

Tal como lo mencionáramos en ediciones pasadas de El Polichombi, quien parecía ser un loco lindo, ahora se ha convertido en el terror de los remiseros luego de que se registraran en la semana dos ataques en las calles céntricas durante horarios nocturnos.

Uno de los damnificados se comunicó con nuestra redacción para dejar el siguiente mensaje: “Eh, hermanazo, la otra noche estaba laburando y en eso se me sube un compadre con cara de médico y cuando le pregunto a dónde iba me responde a XXXXX y luego me empieza a recomendar lo que debía hacer en caso de atragantarme en un asado, o de sufrir un brote epiléctico. Hasta ahí iba todo bien el viaje, pero en eso se hace un silencio y ahí nomá que me entra a ahorcar desde el asiento trasero, primero yo pensaba con un cable, pero después de forcejar me doy con que era uno de esos juguetes con los que te escuchan el pecho lo médicos”.

Tras esta declaración nuestros investigadores salieron a recorrer el centro capitalino en busca de señales que indicaran la presencia -o un posible ataque- del ahora conocido como “Hombre Biella”. Todo fue en vano, no encontramos a este sujeto que anda por las calles vestido de médico intentando curar las dolencias cotidianas a quien no se lo pide. Un transeúnte aseguró que vio a un hombre de tales características inmerso en una pelea a puño limpio con otro remisero, por lo que sospechamos que también intentó cometer algún ilícito en aquel viaje.

Consultados por este pasquín, los expertos aseguran que este es un claro comportamieto “postPASO”, porque en palabras del especialista en delirantes, Dr. Vaporano, “la violencia en sujetos como el que evidenciamos ahora suele recrudecer luego de las elecciones primarias, así como la necesidad de notoriedad, lo que no hace de extrañar que tras un pequeño silencio esta figura nefasta vuelva a atacar. Deberíamos esperar lo peor”, sentenció.

Compartir
Artículo anteriorNuria y la huerta
Artículo siguienteSólo las puntas