Impulsora del ecofeminismo, integrante de La Fanzine Pacha Kuyuy y de la cátedra de soberanía alimentaria que se dicta en la UNSa, Sofía Arquati explica la relación entre mujer y naturaleza y cuál es el primer paso para re-conquistar nuestros cuerpos. (Andrea Sztychmasjter)

La calidez de su presencia, de lo que dice y lo que promueve, no es casual en Sofía. Su conciencia hacia uno de los problemas más importantes de nuestro tiempo: la crisis ecológica, y la reflexión sobre el medio ambiente desde una mirada feminista han producido el encuentro con otras mujeres para posteriormente accionar sobre esa relación ancestral entre Mujeres- Naturaleza.

Afirman algunas teóricas feministas que el ecofeminismo -tendencia surgida a finales de los años setenta- se encuentra aún en pleno desarrollo pero surge como una perspectiva dentro de la diversidad del propio movimiento de mujeres, de organización y respuesta hacia el sistema actual de explotación de la naturaleza. En relación al ecologismo como movimiento social, el ecofeminismo sin embargo no se ha dedicado sólo al aporte desde “la mirada femenina” de los problemas que le atañen, sino que además ha producido un pensamiento consiente y racional en torno a ellos y experiencias de luchas palpables en todo el mundo.

En la actualidad, según las teóricas, puede hablarse de al menos dos corrientes principales de ecofeminismo. Una considerada como la espiritualista y a la cual viene a sumarse la posición de teóricas de otras culturas como Vandana Shiva; y otra, la considerada socialista desarrollada a partir de teorías neo-anarquistas o como versión feminista de la ecología socialista.

En este sentido, ¿cuáles serían las principales líneas de acción que se pueden llevar a cabo en nuestra ciudad en torno a la mirada crítica que imprime el ecofeminismo? Sofía es muy clara al explicar la situación y de qué manera los alimentos que consumimos repercuten en nuestro vivir: “Aquí en Salta estamos rodeados de ‘campos’ fertilizados y monocultivados, que sólo traen enfermedad y muerte a los humanos, ambiente y biodiversidad. Existen estudios que afirman que el 40% de los anfibios (sapos específicamente) de los departamentos de Salta Capital, Anta, San Martin y Orán tienen malformaciones, cuando sólo el 3% es lo normal.  ¿Qué podemos hacer? Empezar a ser consumidores conscientes y productores de alimentos orgánicos y/o libres de pesticidas, exigir al Estado la soberanía alimentaria. Una huerta en el hogar es un inicio de concientización; y esto hablando sólo de los alimentos”.

Sofía señala que ser consumidores conscientes implica pensar que lo que ingerimos no sólo entra por la boca como alimento, sino también por la piel como productos higiénicos y cosmética en general, por eso es propulsora de las terapias naturales y holísticas, y de la marca Nuna dedicada a la higiene y cosmética natural: “La mayoría de los productos están testeados en animales, elegir lo más natural y aquellos productos que no hayan sido testeados en ellos es un paso hacia la eliminación de la crueldad. Es importante entender que el ecofeminismo plantea que las relaciones de poder se dan en todos los ámbitos, y creernos superiores a los animales y plantas es seguir alimentando esas relaciones de poder. Respetarnos entre todos es esencial para evolucionar hacia una sociedad pacífica. Ser consumidores conscientes es lo primal para poder ser agentes de cambio, la realidad es que las alternativas al modelo sistémico actual son escasas y limitadas, lo que nos deja en un vacío muchas veces. Es necesario que empiecen a haber políticas públicas que promuevan la soberanía alimentaria y medicinal; es necesario que empecemos a ser agentes de cambio, creando y apoyando espacios que promuevan la horizontalidad, la salud y el respeto”, señaló.

Por ello Sofía explica que el ecofeminismo tiene varias ramas, pero principalmente asume la problemática ecológica como algo que puede ser abordado de manera pertinente en clave de género: “El planteo de la descentralización de poder, la construcción de sociedades ecológicas y tecnologías sustentables, las democracias internas y la abolición de la dominación actual sobre la naturaleza y el cuerpo de la mujer, hace a la idea general de esta creciente corriente”.

Autogestión y autocuidado

Junto a Caro Aimar (ingeniera en recursos naturales, integrante de la catedra de soberanía alimentaria), Alma Libre (terapias holísticas), Carla Avila (impulsora de alpamiski: comidas vegetarianas), Meli Saucedo (impulsora de semillitas: alimentos deshidratados, y de numi: almohadas aromáticas terapéuticas)  y Clau Pastrana (estudiante de bellas artes), han creado un fanzine llamado Pacha Kuyuy (movimiento de tierra).

Tal como lo explican en su web  (lapachakuyuy.wixsite.com) Pacha Kuyuy viene a evocar ese movimiento necesario para sacudir y dar vuelta estructuras, tan arraigadas en nuestra provincia, romper las burbujas de cristal, las ideas heteropatriarcadas y las normativas de vida.

Cuenta Sofía que la idea de esta publicación surgió inicialmente como iniciativa de Meli que venía creando y distribuyendo información sobre ginecología natural a las mujeres de manera autogestiva e independiente. “En medio de esta metodología de divulgación me invita a complementar esta información con la parte energética del ciclo menstrual y su relación con las fases de la luna; principalmente con el objetivo de empoderar a la mujer desde lo más ‘propio’. Uno de los principales objetivos que persigue es que se una herramienta de empoderamiento a través de la divulgación de información de aquello que no se habla o se habla muy poco (no se habla en las calles, en la escuela, en la casa y mucho menos en los medios hegemónicos); también creemos en la libertad de expresión, la creación y aprendizaje colectivo, la conformación de redes, la diversidad y la libertad de estructuras pre-formadas”.

Entre algunas de las experiencias difundidas en su fanzine se encuentran la elaboración de gas pimienta casero como forma de autodefensa femenina, datos sobre el ciclo menstrual, cosmovisión, parto natural y energías.

Respecto a la autogestión a partir de su propia experiencia Sofía señala la importancia de hacer frente al individualismo imperante en nuestros tiempos: “La autogestión, de por sí, es una acción y manera de vivir propositiva, apunte al género que apunte. La realidad que vemos y vivimos hoy es que, a pesar de ser espacios invisibilizados, existen lugares, eventos, maneras de relacionarnos y de intercambiar lo que tenemos y podemos ofrecer, que se alejan de las prácticas económicas sistémicas; y este tipo de movimientos son impulsados por mujeres, principalmente.  Lo positivo que puedo rescatar de cualquier tipo de autogestión es que te hace pensar en el otro, que es un avance en este mundo de individualismos, obliga a relacionarnos entre todos y a hacerlo con respeto; ayuda a conformar redes, revaloriza el trabajo propio y por ende la dignidad humana”.

Al explicar las concepciones sobre el autocuidado y cuidado colectivo, Sofía alude a una frase de Gandhi “Sé el cambio que quieres ver en el mundo” y agrega que reconocernos individuales y colectivos es el primer paso para re-conquistar nuestros cuerpos: “el conocernos para poder sanarnos, el amarnos para poder amar sanamente. Si yo no sé quién soy, cómo funciona mi cuerpo, cómo funciona mi mente; si no me deconstruyo para analizarme y entenderme, difícil que pueda saber qué es lo que quiero y debo cambiar, para evolucionar en consciencia y ayudarnos a evolucionar. Si me cuido, te cuido, y así nos terminamos cuidando todos. Esto que digo es equivalente a una autocrítica profunda, con su seguido y necesario accionar para transformar aquello que a uno le incomoda y hace ruido”.

Mujeres Tierra

En la reconsideración de la igualdad de mujeres en tanto participantes no sólo de la cultura sino también de la naturaleza, es preciso enmarcar la génesis de esta última relación. El conocimiento de las propiedades de las hierbas es uno de los secretos transmitidos de generación en generación por mujeres de todas las épocas. Perseguidas por “brujas”, se les quitó a las mujeres sus saberes milenarios en relación con las hierbas y los remedios curativos.

Sofía definió que las mujeres fuimos las primeras “chamanas o mujeres medicina”, relación mágica entre mujeres y plantas que lamentablemente se fue perdiendo y que según señala está regresando a nuestra manos: “Las plantas medicinales están desde antes que la ciencia les ponga nombre y apellido, y su conexión con el humano es primal. Estaba en nuestras manos el cuidado de los seres, a partir de la medicina que la naturaleza y el ambiente ofrece. La sociedad nos fue quitando, y nosotras también cediendo, ese poder y esa relación tan profunda. Las mujeres estamos regresando al vínculo con las plantas porque ellas son pacha, ellas son naturaleza y nosotras somos mujeres tierra; reconectarnos con las plantas es reconectarnos con el linaje femenino, reconectarnos con las plantas es reconectarnos con la magia y con nuestro poder”.

Para agregar Sofi describe que el vínculo original que tenemos las mujeres con las plantas y con la Pachamama tiene que ver con nuestro ciclo menstrual: “la sangre que mensualmente corre por nuestro cuerpo y baja de nuestro útero es alimento para la Tierra, es la conexión directa con ella; es la que nos empodera y la única sangre que debería derramarse con placer y amor”.

Mujeres Hermanas

Otras de las experiencias difundidas en su publicación es la de los círculos de mujeres, pero ¿cómo se percibe este poder transformador de los círculos? Sofía contó que son tan antiguos como los humanos mismos: “Básicamente los círculos son espacios de encuentro y sanación, donde las mujeres nos damos el tiempo de trabajarnos internamente, escuchándonos, compartiendo y empoderándonos. Cuando digo que nos damos el tiempo es porque la sociedad actual nos lleva a la productividad material constante y subvalora el tiempo de ocio y meditación, necesarios para una construcción real humana”.

Por otro lado específica  que la circularidad representa la energía femenina, que es cíclica y constante, a diferencia de la masculina, que es lineal.

“La dinámica de los encuentros es muy variable, ya que las necesidades y tiempos actuales limitan los mismos, pero por lo general se suceden una vez al mes, en luna llena o luna nueva, con tambores, cantos, mantras, meditaciones, etc. Uno de los objetivos que tienen los círculos es poder retomar la conexión con el universo sutil, con la energía inmaterial, con la Pachamama, para poder sanarse a una misma y así ayudar a sanar al resto de las mujeres/hermanas. Quienes participamos de círculos o de encuentros de sanación creemos que es esencial empoderarnos para poder generar un cambio real”.