La justicia electoral ratifica desde hoy escrutinio sin manipulación. Pese a las denuncias, a las 3 AM del lunes ya había más de 800 telegramas que no ingresarían al conteo y 400 con una cifra errónea. Apoderados de los partidos accedieron al total de datos al mediodía.

La verdadera campaña electoral con miras al 22 de octubre por el futuro reparto de las bancas en el Congreso Nacional comenzó la misma noche de las PASO, con el barniz de paranoia colectiva que se le imprimió a la veracidad de los resultados del escrutinio provisorio. A la estrategia de denunciar manipulación en la carga de datos de Unidad Ciudadana, se le sumó la candidata massista Margarita Stolbizer que también cargó contra el Gobierno y contra Cristina de Kirchner. Como reveló Ámbito Financiero, ni el conteo fue lento, ni tuvo diferencias con respecto a los procesos de 2013 y 2015. Pero la exigua diferencia volverá protagonista al recuento definitivo a cargo de la justicia electoral, que comenzó ayer pero que para la estratégica Provincia de Buenos Aires, empezará hoy. El mensaje que bajó desde la justicia fue concreto: ante la duda, que se abran las urnas y se cuente voto a voto. La pelea anticipa las posiciones para el 22-O, donde se pone en juego la verdadera elección.

Las claves de la pelea de fondo (política) solo se entienden en números, que van a contramano de las suspicacias sobre irregularidades. Se cargó un 95.68% de los telegramas, lo que por lo ajustado de las diferencias entre Unidad Ciudadana y Cambiemos dejó a ambas fuerzas a décimas de distancia. La cifra de carga (sin valor legal, solo informativo) aventajó por poco a los provisorios de 2013 y 2015, donde no se denunció manipulación. Las dos variables que ingresarán en el recuento a cargo de la justicia electoral serán los resultados de alrededor de 1500 mesas, pero sobre todo, cómo se resuelvan los 38.514 votos impugnados o recurridos. Ambas podrán conjugarse y cambiar el orden del podio al finalizar el proceso.

Pero a las 3.25 de la mañana del lunes (mientras la carga mostraba que la distancia con la que abrió Cambiemos iba reduciéndose frente a la elección del kirchnerismo) ya había 810 “actas circunstanciales”. Es decir los documentos con los que se dejó constancia que de esas mesas no ingresarían los números al centro de cómputos. Los motivos principales: una gran parte de ellos fueron introducidos dentro de la urna por las autoridades de mesa, en lugar de ser entregados al delegado del Correo Argentino. Una vez que se sella, la urna no puede ser alterada. No fueron recogidos (o fueron olvidados) en los recorridos del Correo para los centros de digitalización. O bien, no pudieron ser escaneados porque en el transcurso de la noche, algunos scanners dejaron de funcionar por falla técnica. En rigor, cualquier circunstancia por la que un telegrama no ingresó al centro de cómputos deben ser asentados en estas “actas”. Al final de la jornada, ese número había trepado a alrededor de mil, en un cifra consistente con anteriores elecciones. En el recuento definitivo se comienza por despejar primero estas incógnitas, que nunca arribaron para la carga.

A ese millar y a la misma hora, 3.25 am- había que contabilizar otros 561 telegramas en instancia de “incidencia final”, es decir que no pudieron ser cargados por Indra, la empresa a cargo del escrutinio provisorio. A esa instancia se arribó luego de que dos equipos de carga separados de data entries, ingresaran los datos pero que no hubiera coincidencia con el original, y por un defecto formal fuera imposible que un tercer equipo zanjara el verdadero resultado. Sin embargo, de los 561 telegramas objetados, alrededor de 400 tuvieron el mismo defecto: las autoridades de mesa consignaron en el casillero de votos en blanco el total de votos de la mesa. Ergo, pese a que se leía correctamente, la cifra total estaba duplicada, aunque a simple vista surgía que el error había sido completar el casillero erróneo.

Los apoderados de todos los partidos no tuvieron acceso a la cantidad de “actas circunstanciales” ni de “incidencias finales” en tiempo real. Aunque sí pudieron constatar en vivo- la situación de cada telegrama mediante su número identificatorio. La trazabilidad de esos documentos permitía saber si una vez ingresado a digitalización había alguna demora en el ingreso de los datos al sistema de cómputo. Tampoco hubo reclamos de esa índole por telegramas que hayan ingresado y a propósito se hubieran demorado. Es más, al mediodía del lunes, todas las fuerzas políticas recibieron en soporte digital la totalidad de los telegramas procesados, de los no cargados por ilegibles o con problemas formales y de las actas que certificaban que directamente nunca habían ingresado.

El recuento definitivo tendrá la última palabra de un asunto atravesado por la política. Ese resultado será meramente simbólico ya que la verdadera puja tiene como horizonte el 22-O. La justicia electoral se frotó las manos con la controversia. La Cámara Nacional Electoral había reclamado para sí la responsabilidad sobre el conteo provisorio pero había sido desairada por el Gobierno a último momento. Ahora podrá arrojar certidumbre sobre el resultado final y adjudicarse la garantía de credibilidad en el sistema, rota incluso por parte del propio gobierno que inmediatamente aprovechó la confusión para regresar al lobby por el voto electrónico.

Fuente: Ámbito