Se confirmó que nuestro país tiene el mayor uso de billetes de la región. El efectivo disponible duplica al de Brasil y Chile. Advierten que un tercio de los pagos se hace en negro y que el mal estado favorece la circulación de billetes falsos.

Los esfuerzos oficiales son cada vez mayores para impulsar el “tarjeteo”, las transferencias y las billeteras electrónicas. Pero a la hora comprar, el hábito de meter la mano en el bolsillo y entregar papel moneda resiste. Pese a ser inseguro y menos práctico, el efectivo mantiene en la Argentina un fuerte protagonismo, mucho mayor que en todos los países vecinos.

Es lo que surge al comparar estadísticas de los bancos centrales de los países del Cono Sur. Según los registros, los billetes y monedas que circulan en Argentina suman el equivalente a 734 dólares por habitante. Pero en Chile y Uruguay son poco más de US$ 500, en Bolivia US$ 463, y menos de US$ 260 por persona en Brasil y Paraguay.

A su vez, acá un 42% del dinero disponible para pagos es físico (el resto está en cajas de ahorro y cuentas corrientes). Es más del doble que en Brasil (18%) y Chile (19%), y bastante más que en Uruguay (26%), Bolivia (30%) y Paraguay (36%).

“Los datos muestran que en Argentina se apela con mucha más frecuencia al efectivo para hacer pagos”, interpreta Jorge Colina, investigador del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), que este año publicó un estudio sobre el tema.

Pero hay más. Si se suma el “cash” que guardan los bancos, entre billetes y dinero metálico ya circulan en Argentina $ 13.370 de efectivo por habitante, equivalentes a un salario mínimo entero ($ 8.060) y el 65% de otro.

El punto es que ese monto, además de ser alto a nivel regional, incluye demasiados billetes. Hay 6.055,1 millones de papeles o unos 137 por habitante, de los cuales un 63% son de $ 100. Y ahora el problema es que, según estimó hace días el Banco Central (BCRA), “7 de cada 10 están deteriorados”, lo que “facilita la circulación de moneda apócrifa” y trae trastornos en los comercios cada vez que alguien intenta abonar con ejemplares en mal estado.

“En los últimos años se había interrumpido el proceso natural de retiro de los billetes deteriorados. Y en paralelo, por la falta de billetes mayores a $ 100, se imprimía cada vez. Se llegó así a esta situación, que estamos intentando corregir”, explicaron a Clarín en el BCRA, donde acaban de presentar un megaplán para “normalizar y reducir el uso de efectivo” (ver aparte).

Según especialistas, el alto uso de efectivo en el país está muy vinculado a la informalidad. “Se calcula que más de un tercio de las transacciones de la economía está ‘en negro’, al igual que la mitad de los trabajadores: todo ese mundo sólo maneja efectivo. Pero además, los altos impuestos estimulan a las empresas formales a cobrar en billetes para evitar retenciones y también evadir”, plantea Colina.

“A eso se suma que la Argentina tiene un bajo nivel de bancarización”, agrega el economista Matías Tombolini. En ese sentido, el último estudio del Banco Mundial detectó que sólo un 50% de los argentinos tiene cuenta bancaria, frente a niveles del 63% en Chile, 68% de Brasil y mayores al 85 o 90% en los países más desarrollados.

Para Martín Tetaz, experto en Economía del Comportamiento, además de la informalidad y la evasión, hay una “barrera cultural”. “En Brasil, Uruguay y Chile el hábito de usar la tarjeta ya se instaló masivamente. Pero acá uno ve la costumbre del efectivo incluso entre personas bancarizadas. Hacen cola en el cajero, sacan montos importantes y los usan hasta en negocios con posnet, aunque racionalmente sería mucho más práctico y seguro ‘tarjetear'”, explica.

Para revertir esto, la AFIP ordenó que para 2018 todo vendedor deberá aceptar débito y alentó a la gente a denunciar a los que no. Eso no impide, sin embargo, la práctica habitual de estimular con descuentos el pago con billetes.

Un menor acceso al crédito e impuestos aún mayores están entre los efectos, según los expertos. También sobrecostos que dificultan la lucha contra la inflación. “Es mucho más costoso para todos manejarse en efectivo -plantea Tetaz-. Hay grandes gastos en fabricar billetes, en moverlos y en custodiarlos que podrían evitarse, y que se terminan trasladando a los precios”.

Fuente: Clarín