El escape de candidatos a los espacios de debate vulnera el derecho humano a la comunicación. Durante la semana se organizaron tres debates en los que comprometieron su presencia los candidatos más votados que, finalmente, pegaron el faltazo. (Franco Hessling)

Cuando uno se remite al origen de la democracia, las bases que establecieron los griegos antiguos, reaparecen dos nociones nodales: la isonomía y la isegoría, igualdad ante la ley e igualdad de palabra pública, respectivamente. Son dos presupuestos que hacen que la ciudadanía de la asamblea funcione. Los helénicos alternaban democracias, expresiones asamblearias exclusivas para los ciudadanos, con tiranías montadas en dinastías u oligarquías.

No profundicemos en la estrechez de la ciudadanía ateniense, apuntalemos simplemente que era una aristocracia asamblearia. Nos quedemos con el espíritu de asamblea que se regía por los dos presupuestos antes mencionados. Hagamos un recorte más y dejemos para otros análisis la cuestión de la igualdad ante la ley (isonomía), nos enfoquemos exclusivamente en la igualdad para tomar la palabra pública. Ese era el derecho de todo ciudadano: hablar ante la asamblea.

En aquel antecedente, como genealogía de la formación política de la idea de democracia, la isegoría es el prolegómeno del derecho humano a la comunicación que tiene vigencia desde que en 1948 la Unesco lo declara en su artículo 19: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Claro, la democracia de masas representativa es indirecta y delegativa, por eso es necesario enfatizar en el aspecto del derecho que recae en recibir información.

Esta semana ocurrieron hechos que dejan al descubierto el desdén por la democracia de algunos funcionarios públicos o aspirantes a serlo. En primer lugar un conjunto de hechos que agruparemos como “debates”. Uno televiso, otro en la sede central de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) y un tercero en la sede Tartagal de esa misma casa de altos estudios.

El primero lo organizó la producción del programa “Vermut con papas fritas” que se emite por la señal de canal 10 y tuvo un resultado catastrófico. Estaban convocados los candidatos a senadores por la capital, incluida Gabriela Cerrano que defiende su banca, pero los dos que más votos obtuvieron en las primaras pegaron el faltazo. Adrián Valenzuela del oficialismo avisó una hora antes que no asistiría porque debía grabar un spot publicitario, mientras que Guillermo Durand Cornejo -alineado al intendente Gustavo Sáenz- llegó al estudio pero al sopesar el panorama se escabulló del aire, evitando medir sus argumentos ante los de Cerrano, Walter Wayar de la disección oficialista, y Marcelo Hoyos de Salta Somos Todos, el partido de Alfredo Olmedo.

El debate en el campus Castañares de la capital, jurisdicción de la UNSa, giraba en torno a un tópico específico: la discusión en referencia a la ley de emergencia sobre las tierras poseídas y de propiedad de las comunidades originarias. Martín Grande de Cambiemos País y Andrés Zottos de Unidad y Renovación, el candidato de Juan Manuel Urtubey, se ausentaron pese a que habían confirmado su presencia. Carlos Zapata, ladero de Olmedo, hizo la gran Willy (Durand Cornejo): llegó a la UNSa pero se fue antes de que iniciara la exposición pública de ideas sobre los derechos de los originarios. La disección oficialista fue más decorosa e hizo un ajuste, envió al debate a Nora Giménez en cuenta del candidato en primer término, Sergio Leavy.

La ocasión en la sede Tartagal fue de carácter más general y también convocó a todos los candidatos a la diputación nacional, el único de los cuales que defiende su banca es Pablo López. Éste asistió a la cita, igual que a la anterior, junto con Edmundo Falú, Zapata y Zottos. Nuevamente, Grande se negó a debatir. Fue el mejor organizado de los tres debates, se transmitió vía streaming, pese a lo cual algunos de los medios masivos ni siquiera lo mencionaron.

En segundo lugar, como otra manifestación de desprecio por la democracia, vista a la luz del presupuesto de isegoría y su forma actual como derecho humano a la comunicación, en su visita a Salta, la vicepresidenta Gabriela Michetti rehuyó por horas enfrentar a los medios, aduciendo que estaba participando de un evento que era privado. Por supuesto que, con esa desfachatez con que los y las políticos/as creen tomarle el pelo a la polis, Michetti adujo que no estaba enterada de que los periodistas salteños querían hablar con ella. No seamos duros con Michetti, ¿qué vicepresidente creería que los reporteros de una provincia del interior quieren hacerle preguntas cuando participa de un evento local? Ella no es adivina. Los colegas esperaron más de dos horas hasta que la vicepresidenta salió a dar la cara, y tras una pregunta de Alexis Miranda, movilero de FM Noticias, sobre Santiago Maldonado, respondió y se esfumó raudamente, sin dar lugar a ninguna repregunta sobre el tema.

La euforia democrática cada vez se estrecha más al solo acto de votar. No es que los y las ciudadanos/as se nieguen a participar, es que los que regentean el gobierno van haciendo la democracia cada vez más tiránica.

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