Pese al decreto provincial que inhibe las designaciones e impone ajustes en el Estado, la sobrina del ministro de Salud Pública Roque Mascarello, Florencia, fue contratada por el Hospital Público Materno Infantil. No es el único caso que muestra que el nosocomio brilla por fuera pero fermenta por dentro. 

Alfio Bustos

Desandemos un pasado reciente antes de situarnos en la situación presente de la familia Mascarello. El 23 de noviembre de 2017, con la firma de todo el Gabinete provincial, se emitió el decreto N° 1.603, consecuencia directa del Pacto Fiscal que Juan Manuel Urtubey aceptó ante el Gobierno de la Nación. Imponía que todas las dependencias del estado presentaren hasta el 15 de diciembre “un plan de modernización y adecuación de las estructuras organizativas, con una reducción no menor al 20% de la actual”. 

Además, la norma determinaba que “no podrán autorizarse nuevas designaciones, interinatos, subrogancias, modificaciones en las estructuras, cargos y/o funciones jerárquicas, cuando ello implique globalmente un incremento del costo en la partida Personal del presupuesto vigente”. La necesidad de estrechar gastos en un 20% y la premisa de ahorrar en nuevos cargos resultan incompatibles con la llegada de Florencia Mascarello al Hospital Público Materno Infantil, adonde si bien no ocupa un cargo jerárquico, es la representación por antonomasia de un incumplimiento sistemático de la intención de ajuste: hijos de médicos del directorio designados y una única dirección ocupada por dos profesionales son otras de las conculcaciones al decreto con el que Fernando Yarade debutó como jefe de Gabinete. 

Según el expediente de contratación, la sobrina del Ministro de Salud Pública ocupa un cargo en el “sector conmutador” del nosocomio que se encuentra a poco del Monumento 20 de Febrero. El mismo legajo precisa que entró en funciones el 1 de enero de este año y que su contratación es por doce meses. Mascarello, díscolo ante la instrucción de Yarade, no titubeó en favorecer el ingreso de su sobrina en la carrera laboral del Materno Infantil después de entrado en vigencia el decreto.

Al parecer, Florencia tiene más dignidad que aquellos parientes que son favorecidos y que ni siquiera van a trabajar. Este cronista corroboró con distintas fuentes del hospital que la joven cumple horario con regularidad pero que no ocupa el cargo que figura en los archivos: no está en los conmutadores, forma parte del equipo de prensa del hospital, encabezado por José Luis Ángel. Un sueldo mínimo para un contratado, consideraron esas mismas fuentes, son 12 mil pesos. Retengamos ese número. 

Hasta aquí los documentos a los que tuvo acceso este semanario, en adelante se asume como cierto sólo el relato de las fuentes consultadas. En el convite de cargos, adonde quizá habría que posar la mirada para la “modernización y adecuación de las estructuras organizativas” que sancionó el Gobierno en noviembre, hay casos más minúsculos que el del propio ministro. La única mujer que ocupa un cargo en la cúpula de la administración, Susana Balcarce, directora de Gestión Clínica Pediátrica, en los últimos meses habría incorporado a sus hijos en el plantel del nosocomio (uno de ellos de nombre Abel Ariel De Boeck Balcarce). Hace algún tiempo también ocupan jefaturas -de Personal y de Emergencias- otras parientes directas de Balcarce. 

Actualmente, si de reducir un 20% apelando a suprimir los gastos ociosos se trata, no se puede desconocer la superposición de funciones entre dos directores: Héctor Carpio Loi, el formal, y Marilyn Szanto, quien ostenta la misma función. Carpio Loi es el director de Gestión de Pacientes, cargo que Szanto tenía en el Hospital Papa Francisco, desde donde fue trasladada hace aproximadamente un año. Tienen el mismo rango salarial aunque el primero funge oficialmente como director. De igual modo, se comenta que ella ha mostrado mayor idoneidad para la gestión de pacientes. Cada uno de ellos, percibe al menos 50 mil pesos mensuales por sus servicios. También memoricemos este valor. 

Prorratear 

Un dato preciso demuestra que las designaciones no han dejado de aumentar en el nosocomio pese al citado decreto de congelamiento de cargos. En febrero, la planta total del hospital ascendía a 1.747 personas, en marzo trepó a 1.758 y en abril tuvo una leve remisión con 1.757. Sólo en los últimos tres meses se registra una decena más de cargos, los cuales no han impactado en el personal que genuinamente asiste todos los días a trabajar, no se ven caras nuevas aunque el incremento del plantel activo figure en los registros de la administración de la institución. 

Todos/as los integrantes de la comunidad sanitaria del centro asistencial —desde los directores hasta el personal de menor jerarquía—, tal indica el modelo de autogestión con atención pública, perciben un monto variable en sus haberes que se deduce de los ingresos por las prestaciones a las obras sociales. Sobre ese monto total, un 50% se divide entre toda la planta activa y se computa en los recibos de sueldo como “productividad”. 

El aumento fantasma de cargos hace que la productividad se prorratee de tal manera que caigan los montos que cada miembro del sanatorio recibe. La masa de ingresos por pagos de obras sociales es variable, aunque mantiene cierta regularidad, y además se la divide en otro guarismo cambiante: la cantidad de integrantes de la comunidad sanitaria del Materno Infantil. Como ésta va a en aumento, contrariando la imposición de la Provincia a fines del año pasado, el valor por productividad ha ido en picada. 

Hasta octubre del año pasado, mes electoral, la cifra por productividad que se computó en los salarios estuvo en el orden de los 3.500 pesos por persona. En los últimos meses, en cambio, esos valores cayeron estrepitosamente: en febrero fue de aproximadamente 1.260 pesos y en marzo se colocó en 1.600 pesos.

Ratonear 

Amparados en el decreto 1.603/17, el director de la institución, Carlos Exequiel Moreno, junto al resto de directores, resolvieron a fines del año pasado suprimir un derecho adquirido desde que funciona el hospital, 2001. Determinaron que no se entregaría bolsón navideño, una modesta selección de vituallas de ocasión, sin grandes obsequios ni suntuosidades.

La manera de aplicar el decreto merece cuestionamientos, los criterios de ajuste son muy dispares según los intereses de quien se trate. Cuando se piensa en la distribución de la productividad o los víveres para trabajadores rasos, se justifica implacablemente que es imposible despilfarrar dinero en un marco de ceñimiento impuesto por el Gobierno de la Provincia. Cuando se trata de la sobrina del ministro, los parientes de algún director o la superposición de cargos gerenciales, entonces puede omitirse respetar a rajatabla esa norma. 

Ensayemos un cálculo: si cada bolsón hubiese costado, con precios al por mayor y la habitual mezquindad patronal con ese tipo de derechos adquiridos, unos 400 pesos, el costo total para dotar a cada integrante del nosocomio con una, incluido el propio director, hubiese sido 680 mil pesos (tomando 1700 personas como redondeo del plantel activo en diciembre). Florencia Mascarello, suponiendo que percibe el salario más bajo de la administración, que habíamos estimado en 12 mil, en su año de contrato recibirá 144 mil pesos. Si se añade que hay un cargo de director que tiene a dos profesionales cobrando, se podría decir que durante este año esa saturación de jefes generará un déficit de 600 mil pesos (habíamos dicho que cada director cobra al menos 50 mil pesos). Sumados, el cargo por nepotismo y la superposición, que implican sólo dos personas más en el cuerpo del nosocomio, tienen un costo mayor que lo que hubiera significado beneficiar a todos las y los empleados con un bolsón navideño.    

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