Miguel Ragone ya tiene su lugar en la sede de un PJ que siempre le regateó un sitial al gobernador desaparecido por la dictadura, aunque sí le había dedicado un busto al adversario de Ragone en los 60 y 70: Roberto Romero. El mural de Ragone fue descubierto ayer en un acto organizado por Santiago el Indio Godoy.

La mayoría del arco político justicialista celebro el acto que fue seguido por cientos de militantes que acompañaron el descubrimiento del mural y reclamaron la unidad del peronismo de cara al proceso electoral que se viene. El encuentro fue organizado por la agrupación del PJ “La Ragone” cuyo principal dirigente es Manuel Santiago Godoy que también anunció su candidatura a intendente para el 2015. En el acto estuvo presente el gobernador Juan Manuel Urtubey, también presidente del partido. Godoy señaló que en 2015 “Salta va a tener un gobernador peronista como Urtubey” y agregó que “lo mejor es tener también un intendente peronista, para que tengan el mismo proyecto político de trabajo”, en referencia a su propia figura.

Sobre la histórica rivalidad entre Miguel Ragone y Roberto Romero, la tesis de licenciatura del periodista salteño Salvador Marinaro, da cuenta de la misma. El trabajo fue presentado a la Universidad del Salvador, se titula “La conquista de lo político” e indaga sobre la conflictiva relación del diario El Tribuno y Miguel Ragone entre 1973 y 1974.

Con la autorización de su autor, Cuarto poder reprodujo hace unos años las conclusiones de la misma ente las cuales se destaca párrafos como este: “Mientras que a nivel nacional el desenlace del gobierno de Ragone fue leído como la salida definitiva de la Tendencia en el interior del país, a nivel provincial su experiencia significó el fin de un modo de hacer política. Jesús Pérez relata un encuentro entre Miguel Ragone y Roberto Romero, como si provinieran de dos mundos distintos. Pues precisamente, eso era lo que había sucedido, la superposición de dos actores con la modificación completa del panorama político sólo tuvo un triunfador: después de las sucesivas intervenciones y la última dictadura militar, Roberto Romero sería electo gobernador de la provincia. En medio hay casi diez años desde esta confrontación, pero no podemos dejar de notar que los mecanismos ya estaban funcionando. La intervención federal implicaba la preeminencia de la Ortodoxia sobre las ramas de izquierda y al mismo tiempo la circulación de un capital político que se legitimaba por la lucha y la confrontación a la Tendencia. En ese aspecto, El Tribuno había ganado la batalla. Podría mostrar no sólo su pertenencia al partido, sino también una acción efectiva en contra de sus enemigos internos. Esta puesta en circulación puede ser leída como un dispositivo que permite vincular la formación discursiva con la desaparición empírica de Ragone.

La vocación política de El Tribuno se había fundamentado en una postura particular, un sujeto de la enunciación que se nombraba a sí mismo el vocero del pueblo y el desarrollo. La superposición de distintas ideologías -el primer peronismo de cual había sido órgano difusor, luego al desarrollismo de Frondizi, el FREJULI y por último los sectores conservadores del peronismo- le había conferido una capacidad plástica para posicionarse dentro del campo político. Precisamente, con el peronismo surge una primera identificación: por el objetivo popular que autoproclamaba El Tribuno era lógica su acercamiento al ragonismo pero inevitablemente mediado. De allí que su vocación dejara de ser sólo un llamado y se transformara lisa y llanamente en un ejercicio político, un apoyo al candidato justicialista.