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Fuera de la Ley

el 19 ago, 2012 • por

Policías violadores, narcotraficantes; torturas, adictos al paco que se ponen violentos, muy violentos; abuelitos violadores, suicidas, muchos accidentes fatales y una revista que decide contar todo esto con un humor macabro. En Orán, definitivamente, no hay lugar para los débiles. (por Daniel Medina) Esta semana...
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Policías violadores, narcotraficantes; torturas, adictos al paco que se ponen violentos, muy violentos; abuelitos violadores, suicidas, muchos accidentes fatales y una revista que decide contar todo esto con un humor macabro. En Orán, definitivamente, no hay lugar para los débiles. (por Daniel Medina)

Esta semana el diputado provincial Ramón Villa denunció un nuevo caso de maltrato policial en Orán. No difiere a grandes rasgos de otros casos en los que los uniformados hacen estragos: hay un joven, Jorge Pavón, que trató de ingresar a un boliche y no lo dejaron por lo que discutió o insultó a la policía y se volvió a casa. Los policías van a buscarlo, sin orden de allanamiento se meten a la casa y empiezan a golpearlo. Junto a Pavón hay dos menores de edad más, de 13 y 15 años, que también ligan una buena paliza. Los llevan a los tres detenidos a la comisaría, donde continúan con los apremios. Y después los oficiales trataron de inventar una causa: cuando la hermana de uno de los detenidos la fue a buscar, quisieron hacerle firmar que estaban armados.

Este hecho no es una excepción. Es la regla.

Al margen de todo

Muy pocas veces una revista logra convertirse en espejo de una comunidad. De alguna manera la revista ABC anuncia el retorno de la oligarquía salteña al poder, y es la revista policial Fuera de la Ley la que aprehende toda la violencia que trasunta al municipio de Orán, cercada por la pobreza, el narcotráfico y una policía tan inoperante como corrupta.

Los ejemplos abundan. Bajo el título “Padre de chango detenido denuncia que fue salvajemente golpeado en la comisaría”, se puede leer el testimonio de Juan Carlos Piacoplo, hombre de 70 años, que fue amenazado por el policía que detuvo y después golpeó a su hijo. “No te metás viejo de mierda que te va a ir mal”, le dijo el oficial. Así narra la revista la detención: “El hijo, machado de más, se había mandado una cagada intentando robarle una Coca Cola a un policía rato antes en la calle. Su padre dice que estaba demente de borracho”, dice la nota, que no escatima detalles de las torturas: patadas, piñas, un ojo morado, un labio hinchado, hematomas en el cuero cabelludo y el flanco derecho.

En otro artículo de esta revista quincenal se lee que hubo una detención masiva, de casi 20 personas, que habían cometido el único delito de haber jugado un rato al fútbol a la tarde y haber goleado a un equipo conformado por policías. Los victoriosos rivales fueron detenidos y luego golpeados. Y ahí están las fotos: rostros desfigurados, gente llorando, cuerpos tendidos en la morgue.

También está este título: “Pelea callejera de aspirantes policiales: por el amor de una camarada. Amores Azules”. La sangre se esparce por todo el ejemplar: “al amigo se le escapó un escopetazo y lo mató”, “joven boliviana muerte al provocarse aborto con perejil”, “sexagenario que trató de violar nenita, condenado a cinco años de cárcel”, “le quemó el racho a la ex mujer y se quiso suicidar.”

La relación policía-narcotráfico también está en estas páginas: “Compraventa de paco: Guardia cárcel y hermana de policía y ex convicto caen en combate al menudeo”. Este es el panorama que pinta este periódico sobre la lucha contra el narcotráfico: “Los efectivos de Drogas peligrosas de la policía de Orán son cuatro gatos locos. Tienen a cargo una jurisdicción maratónica que abarca todas las localidades del departamento y no poseen más movilidad que sus propias motos o bicis. Muchos operativos importantes en los que desbarataron puntos de venta de Paco los hicieron a gamba”.

La manera en que estos hechos se han naturalizado en la zona es lo que asusta más que la violencia. El humor, que por momentos campea la publicación, sólo contribuye a convertir en más insoportable lo que sucede.

En otras páginas de ese número, otro título, que de manera evidente se relaciona con el de unos narco policías: “Adicto en crisis rompe vidriera a ladrillazos y roba celulares”. Lo mismo sucede con la nota siguiente: un hombre fue atacado por unos adictos al paco. La violencia de los hechos es retratada con una prosa también violenta: “… El mal trago era el que portaban sus agresores unos pendejos que se juntan en Porky a porrear y darle al Paco. Lo interceptaron con la camorra de que les diera dinero o cigarros y al negarles vino la agresión de pateadura y puntazos”.

La forma en que todo se ha desmoronado en Orán, en que nada funciona como debería se percibe también en la nota sobre una joven que ingresa al hospital con una luxación de hombre y muere, inexplicablemente.

Suicidios, jueces corruptos o ineptos, accidentes tan estúpidos como mortales. Simplemente nada parece funcionar o salir bien. Fuera de la Ley escribe la historia de Orán con cinismo y un humor macabro. Y, de alguna manera, ningún otro medio consigue mostrar con esta precisión lo que los políticos han hecho con Orán.

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